martes 10 de noviembre de 2009

Un homenaje a un Maestro nunca conocido... Evaristo Campo Pereiras.

Este otoño, tras largo tiempo de espera, ha visto la luz un libro de imprescindible lectura para todos aquellos que deseen conocer algo sobre la Galicia más auténtica e indómita. El libro del que os hablo, "Pentágona de un Lucense", es un material muy interesante para los interesados en la Post-Guerra Española, así como una fuente, extraordinaria, de reflexiones e ideas, con las que recrearnos, y pensar sabiamente, nuestras elecciones de futuro. Tal vez tenga tanto de Marco Aurelio como de la escuela Regeneracionista. Sin lugar a dudas, la forma más efectiva de tener un "abuelo libro", un libro sabio, con experiencia, que está predispuesto a narrarnos las más aleccionadoras batallas.

A continuación les pongo una reseña sobre el autor hecha por mí.

Evaristo Campo Pereiras
Nacimiento: 11 de junio de 1911. Bustofrío, Samos, Lugo, España
Defunción: 1977, Barcelona
Seudónimo: Pablo
Ocupación: Ingeniero, Escritor
Nacionalidad: Española
Período: Postguerra Española
Lengua de producción literaria: Español
Lengua materna: Gallego y español
Género: Narrativa

El autor: nacido en la pequeña aldea de Bustofrío (Samos, Lugo), a los 18 años abandona su aldea natal para irse a Bilbao, en compañía de dos amigos. Durante varios años trabaja en la fábrica "Baskonia", volviendo en los años 30 a su Galicia natal. Tras su vuelta, se incorpora al Ejército, teniendo una prometedera carrera. Al estallar la Guerra Civil Española, siendo él un hombre de fuertes convicciones patrias, se postula en defensa de la legalidad, siendo partidario de la Segunda República Española. En 1937, cuando se encontraba en Ferrol, es acusado de un supuesto delito de infidelidad; siendo juzgado en consejo de guerra sumarísimo, pidiendo el fiscal la pena capital.
Después de deliberar, el Tribunal le conmutó la pena de muerte por pena de cadena perpetua. En un principio cumplió condena en la Escollera (mazmorra) de la dársena de Ferrol, hasta su posterior traslado a la Casería de Ossio, en San Fernando (Cádiz).

Finalmente su causa fue revisada, siendo degradado (hasta aquel entonces era Suboficial de Artillería). Tras cuatro años de reclusión, salió con libertad condicionada, volviendo a su aldea natal, de donde se marchó, al poco tiempo, hacia Barcelona. Pasados unos años en la "Ciudad Condal", Evaristo contrajo matrimonio y tuvo dos hijos. Durante aquellos años trabajaría en la "Maquinista Terretre y Marítima", oficio que no abandonaría hasta su posterior jubilación.
Obra: pese a no haber podido contar con estudios universitarios, Evaristo fue una persona docta en múltiples disciplinas, siendo capaz de dar clases particulares a sus hijos de las más variopintas materias: desde la física hasta la literatura, pasando por el Latín o la ingeniería industrial. En el verano de 2009, pasados 32 años de su muerte, su hijo, Ricard Campos Felimón, publica su libro, "Pentágona de un Lucense", con Ediciones Aache. La obra del autor es de especial utilidad si se quiere comprender cuál fue el ambiente, la atmósfera, intelectual, cultural y social de la España de Postguerra, y muy especialmente, de su Galicia natal. Las reflexiones del autor van desde el periodismo de época, pasando por la filosofía, el costumbrismo, la historia o la crítica social. El autor llegó a participar en el premio Nadal.

Pensamiento: Campo Pereiras siempre estuvo muy ligado al monasterio de San Julián de Samos, lugar donde encontró cultura y espiritualidad. A lo largo de su producción literaria destacan sus propuestas, sus proyectos de cambio para la sociedad actual. Sus ideas convergen con los postulados del pensamiento regeneracionista. Campo Pereiras hace especial hincapié en la necesidad de que nuestra sociedad incorpore, con mayor intensidad, tres valores: lealtad, veracidad y disciplina. Destacan sus descripciones bucólicas, y correlativas defensas del mundo rural, con los agricultores al frente.

Dada su experiencia personal y el contexto histórico (Guerra y posterior Post-Guerra Civil Española) en que le tocó vivir, no duda en proponer reformas y cambios de aires en una institución que, desde su punto de vista, es vital en toda nación: el ejército.

"Todos los nacidos en las aldeas aman a las ciudades, mientras no son ciudadanos; mas la ciudad, que se nutre de ellos, si lo hace, tarda en hacerlo. Sin la savia de los pueblerinos, se puede presumir que las grandes urbes llegarían a ser extensas y sombrías necrópolis, en las que se consumiría lo mejor y se conservaría lo peor". (Pentágona de un Lucense)

Campo Pereiras encuentra en la formación, tanto técnica como intelectual, la vértebra indispensable en toda sociedad que se precie, y así lo hace constar en diversas partes de su obra.

"Triste destino el de una nación que no pueda tener su Ejército. El Ejército es la expresión de la alegría de cada nación y todos sus componentes deben ser atendidos, respetados y admirados por todos, puesto que a todos nos representan, y ellos lo saben". (Pentágona de un Lucense)

"Lo mismo que la libertad, en la sociedad, la enseñanza debe estar garantizada; nadie puede ser libre si carece de enseñanza. Todo, dentro de los organismos correspondientes, ha de estar a cargo de la sociedad, y todos debemos pertenecer a ella; el bien común ha de asociarnos a todos".

"Si hemos de considerar como técnicos a todos los que tienen una carrera y a todos los que están especializados en determinadas ramas en el campo de la producción, para regular la productividad, en relación respectiva, se debe considerar como tales a todos los que forman el cuerpo social de la nación, y lo formamos todos, relacionándoles con todas y en cada rama, profesionalizándoles en todas; incluidas la agrícola, la religiosa y la política". (Pentágona de un Lucense)

Pentágona de un lucense: la obra contiene una serie de reflexiones en torno al tiempo en que le tocó vivir al autor (Guerra y posterior Post-guerra Española), siendo un documento de especial interés tanto como para quienes deseen conocer, de primera mano, la atmósfera de aquellos tiempos, como para los que prefieran saber algo más de los pueblos que conocieron al autor, allá en la comarca de Loúzara: Rugueira, Folgoso, Parada, Seoane, Gondriz, Lousadela, Incio, Mercurin, Paderne, Miraz, Meiraos, Villasibil, Piedrafita do Caurel (pueblo del padre del autor), Seceda....

"Pentágona de un Lucense", Ediciones Aache

Reseña del libro "Pentágona de un lucense" en el blog de Antonio Herrera Casado

Reseña en Mispueblos

Concello de Samos (al que pertenece Bustofrío)

1ª imagen: Mosteiro de San Xulián de Samos, Samos, Galicia - Spain, por FreeCat / José Antonio Gil Martínez from Vigo, Galicia. This file is licensed under the Creative Commons Attribution 2.0 License.

Obtenido de: http://es.wikipedia.org/wiki/Evaristo_Campo_Pereiras

lunes 9 de noviembre de 2009

Un sugerente catálogo de fotos




Más fotos de Castilla-La Mancha


Memoria y Modernidad. Fotografía y fotógrafos del siglo XX en Castilla-La Mancha consta de dos apartados: el primero, firmado por Publio López Mondéjar, lleva por título "Una aproximación a la fotografía de Castilla-La Mancha, en el siglo XX", páginas 9 a 20, introducción al segundo, que es el "Catálogo" de una exposición a la que no se alude en ninguna parte del libro, y que abarca las páginas 21 a 79 ( aunque sabemos que la exposición en el Museo de Guadalajara se celebró del 22 de Octubre al 22 de Noviembre de 2009).

Recoge algunas fotografías seleccionadas de un total de quince artístas, de los que cuatro son alcarreños y de los que ofrece una breve semblanza biográfica y artística. Francisco Goñi, representado por tres fotografías: "Niños gancheros en el río Tajo. Auñón, agosto de 1925", "Biblioteca de la Casa del Pueblo. Guadalajara, mayo de 1926" y "Dirigible durante una demostración de aerostación. Guadalajara, julio de 1926", que señala como pertenecientes a la Agrupación Fotográfica de Guadalajara, fotografías muy conocidas en el ámbido fotográfico. Tomás Camarillo se publican dos fotografías pertenecientes a la Diputación provincial de Guadalajara: "Campesina de Ciruela (sic). Guadalajara, 1930" (en realidad, "Ciruelas: Costumbres año 1930".) y "Aldeano de Riendas. Guadalajara, hacia 1920", también ampliamente conocidas. Cuatro fotografías más representan el pictorialismo de José Ortiz-Echagüe: "Taller de costura. Carbón, 1905", "Lino de Orio. Carbón, 1932", "Procesión en Turégano. Carbón, 1947" y "Regreso a la ciudad. Carbón, 1916", pertecientes al Legado Ortiz-Echagüe de la Universidad de Navarra. Finaliza la representación alcarreña con dos obras de Santiago Bernal: "Dola. Guadalajara, 1969" y "Loranca de Tajuña, 1968".

Hay, además, otra fotografía de Cristóbal Hara titulada "Atienza. Guadalajara 1994".

Se trata, en fin, de un catálogo muy sencillo y, por desgracia, "pirata" ya que carece de pie de imprenta.

domingo 8 de noviembre de 2009

Los viajes de Cornide por España y Portugal de 1754 a 1801




Un búsqueda arqueológica

En 920 densas páginas de pliego mayor, se contiene el legado que nos dejó el ilustrado viajero don José Cornide Saavedra, y que ahora ha sido publicado, de forma completa, con comentarios y ampliaciones a sus múltiples manuscritos, por la Real Academia Española de la Historia, depositaria en sus fondos de esta rica fuente documental acerca de la España del siglo XVIII y de muchas fuentes arqueológicas que en esos viejos papeles reviven y afloran.
La obra, incluida en la Colección “Antiquaria Hispánica” como nº 19, está escrita y editada por el alcarreño Juan Manuel Abascal Palazón y Rosario Cebrián. Después de una introducción del actual presidente de la Academia, don Gonzalo Anes y Álvarez de Castrillón, los autores utilizan 136 páginas para darnos la amplia bibliografía relativa al tema (autor y escritos) y un estudio pormenorizado de la vida y obra de Cornide. Relatan su nacimiento y primeros años en Galicia (A Coruña, 1754) y la formación larga y meticulosa que recibió, con la referencia cronológica de sus viajes, hallazgos, escritos y actuaciones, hasta su muerte en Madrid (1803).
El resto del libro, voluminoso y claro, está estructurado de forma muy útil, con publicación de todos los manuscritos de Cornide relativos a sus viajes, hallazgos arqueológicos, referencias militares y estratégicas, aspectos geográficos e históricos, de tal modo que se constituyó en el prototipo del sabio ilustrado de la segunda mitad del siglo XVIII. De cada manuscrito, los autores ponen en primer lugar el título que lo identifica, y un número secuencial, aunque están publicados en orden cronológico de cómo los escribió Cornide. Así, el primero de ellos es el Memorial del “Viaje que voy a hacer desde la Coruña a la Corte” (1754), y el último el “Viaje a Cuenca y a sus Serranías” (1801).
Entre esas dos fechas límites, España entera, y Portugal, son recorridas por Cornide, que todo lo anota meticulosamente: memoria del viaje, inscripciones funerarias, planos, croquis, como un hondo investigador todo lo anota y recoge.
Entre los temas más interesantes para Guadalajara, están los viajes que hizo por esta provincia, como fueron el Viaje a la Alcarria Alta (1794) y el Viaje de Madrid a Sigüenza por la Alcarria (1795) que fueron sucesivos a uno de sus más importantes hitos, el Viaje a Uclés y Saelices para reconocer las antigüedades de Cabeza del Griego y determinar la geografía de la Celtiberia (1794), en el que por primera vez estudia de forma científica la ruinosa y espléndida ciudad romana de Segóbriga. Los viajes por la Alcarria ya fueron editados anteriormente, en edición conjunta de AACHE y la Universidad de Alcalá, con estudio complementario de Margarita Vallejo, en este libro, por lo que también recomendamos su lectura, en la que además de los textos íntegros de Cornide, figuran valoraciones de la profesora alcalína de gran interés.
Un índice fundamental para moverse por este inmenso libro es otro de los grandes logros de los autores, a los que agradecemos su trabajo y su dedicación durante largos meses, para poder entregar, como lo han hecho, tamaña aportación a la cultura arqueológica de España, con la edición pública de estos interesantísimos documentos.

jueves 5 de noviembre de 2009

El Colegio Mayor de San Ildefonso




Piedras doradas de sabiduría

Con las justas palabras que definen las cosas, para que todos las entienden y nadie se aburra, ha escrito Marchamalo Sánchez un libro que nos dice lo que se necesita saber de la Universidad de Alcalá de Henares, de su edificio mayor y más emblemático, el que comenzó siendo su “Colegio Mayor de San Ildefonso” y hoy es el eje de esta institución sabia y generosa como es la Universidad de Alcalá.
En un libro que ha sido promovido por el Instituto Internacional de Centros Históricos Cisneros, que dirige la profesora Mª Dolores Cabañas, y patrocinado por la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Alcalá y la propia Universidad, se explica con detalle y sobriedad las vicisitudes originarias de la institución universitaria alcalaína, y los edificios que permanecen en pie y que prestan cuerpo a la misma.
El libro está ilustrado profusamente con imágenes del centro, con planos y alzados de arquitectos, y nos da lo esencial del Colegio, de sus tres patios (Santo Tomás, Filósofos y Trilingüe), de su fachada impresionante en la que habla con fuerza mitológica la piedra dorada de Becerril, los patios sonoros, la renaciente iglesia donde descansa la memoria del fundador en un mausoleo diseñado por Doménico Fancelli, y finalmente el Teatro de la Universidad, o Paraninfo como hoy es más conocido, auténtico corazón de la institución sabia.
Sin una palabra de más, Antonio Marchamalo no refiere limpia y paladinamente la historia del centro del saber en las orillas del Henares, y el significado de sus edificios solemnes, en los que laten los cien nombres de quienes fueron esencia de la cultura hispana en los Siglos de Oro: desde Francisco de Cisneros a Pedro Gumiel; desde Gil de Hontañón a Jovellanos, y desde el Divino Vallés a la Sociedad de Condueños, que supo actuar con contundencia en el momento en que la Universidad alcalaína se jugaba la supervivencia física de sus edificios.
Hoy, tras 32 años de vital existencia, la Universidad de Alcalá es eje cultural del valle del Henares, y su edificio central, ese viejo y remoto “Colegio Mayor de San Ildefonso” es uno de los ejes del patrimonio cultural y artístico de nuestra Patria, algo que todo español debiera conocer, y aplaudir como merece.
El libro, fruto de una acción institucional, es difícil de encontrar, si no es en el propio edificio central de la Universidad, donde lo ponen a disposición de los visitantes y viajeros.

domingo 1 de noviembre de 2009

Otro libro de imágenes




CIEN AÑOS DE FOTOGRAFÍA EN BRIHUEGA (1860-1960)


Gracias al programa Los legados de la tierra muchos pueblos de la provincia de Guadalajara han podido ver, a través de exposiciones, y guardar para el recuerdo, a través de libros y catálogos, cientos de fotografías rancias -muchas de ellas casi olvidadas en cajas de dulce de membrillo de hojalata o en simples cajas de zapatos- que, con el paso del tiempo, han llegado a constituirse en verdaderos documentos históricos de indudable interés para el conocimiento de la historia, el arte y el costumbrismo locales.
“Todas las fotografías son pequeños tesoros que guardaron algunas personas en sus armarios y que ahora están a disposición de todos. Son la historia viva de Brihuega a lo largo de años y un paseo por la memoria de nuestro pueblo, sus costumbres, su patrimonio, sus fiestas, su vida social, religiosa y cotidiana.”, como señala Adela de la Torre, alcaldesa de dicha localidad, que es uno de esos pueblos a que me he referido, que han visto salvaguardado su pasado gráfico y cuyo Ayuntamiento, en colaboración con la Junta y la Asociación III Centenario, acaba de publicar un libro titulado Cien años de fotografía en Brihuega (1860-1960), debido a la impagable labor de Raúl de Lucas López, José Félix Martos Causapé, José Antonio Ruiz Rojo y José Manuel Blas Ruiz.
Este libro, en realidad catálogo de exposición, y esto es algo que nos congratula, aparte de dar a conocer un importante número de fotografías pertenecientes a diversas colecciones, se complementa -de ahí su valor- con unos comentarios previos. No se trata, como desgraciadamente ha sucedido con publicaciones anteriores, de un mero catálogo donde se incluyen las clásicas y monótonas fotografías de soldados y niños en la mesa del maestro, con el mapa de España de fondo, sino que se quiere complementar el documentos fotográfico con otros datos para que su comprensión se más amplia.
Por eso este catálogo comienza con una introducción histórica del periodo que abarca, cien años, titulada “Brihuega contemporánea”, desde la Guerra de la Independencia hasta la Civil y comienzos de la posguerra, que sitúa al lector (o al visitante de la exposición) en las correspondientes coordenadas espacio-temporales.
Un segundo capítulo -“La fotografía del siglo XIX en la colección de la familia Pérez-Marín Esteban”- analiza al detalle once retratos elegidos de entre los catorce seleccionados de los tres álbumes que la componen. Fotografías de gran calidad, realizadas por las mejores firmas de la época: Franck, Disdéri, José Martínez Sánchez, Pedro Martínez de Hebert y Jean Laurent.
El tercer apartado se dedica a “Los grandes acontecimientos de 1911 y 1928”, es decir, al Bicentenario del asalto a Brihuega y Batalla de Villaviciosa (Guerra de Sucesión, 1702-1714), que tuvo lugar el día 4 de septiembre de 1911, contando con la presencia del rey Alfonso XIII, y la Coronación Canónica de la Virgen de la Peña el día 13 de agosto de 1928.
No podía faltar “El legado de Tomás Camarillo y Francisco Layna” -que ocupa el cuarto capítulo o apartado-. Del primero figuran algunas imágenes tomadas entre los años 1925 y 1947. Algunas fueron expuestas en 1944 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y publicadas posteriormente en el libro La provincia de Guadalajara, cuyo texto corrió a cargo del Cronista Provincial Dr. Layna.
De Camarillo han llegado a conservarse sesenta fotografías de Brihuega y sus alrededores, la mayor parte muy conocidas, por lo que solamente se publica una muestra muy selecta, mientras que las veinte fotografías que hizo D. Francisco Layna, menos conocidas que las anteriores, son de escaso interés y escasa calidad técnica.
Otro apartado -el quinto- se dedica a “Otras colecciones”, donde tienen cabida las fotografías, generalmente retratos, realizadas por Ángel Arquer (desde 1912), Francisco Marí (desde 1914 y con mayor desarrollo a partir de 1920 hasta la II Republica), José Reyes Ruiz (desde 1925) y José López Ramiro (1930), en sus respectivos estudios de la capital de la provincia, además de un numeroso grupo de fotógrafos de Madrid, Zaragoza y Melilla, aunque la mayor parte de las colecciones conservan en sus fondos fotografías anónimas, debidas generalmente a aficionados y vendedores ambulantes que recorrían con su caja negra y su trípode los pueblos en los días feriados.
Varias son las colecciones que se recogen en el catálogo: “Colección Valeriano Herrera” que merece capítulo aparte dada su importancia, tanto por su cantidad como por su calidad, abarcando más de medio siglo (desde 1918 aproximadamente hasta los años setenta), aunque en la exposición se han dividido en dos grupos: el primero abarca desde 1918 hasta la Guerra Civil, cuya autoría se atribuye a Luis Igualada (tío político de Valeriano Herrera) y el segundo, debido probablemente al propio Valeriano Herrera, desde la Guerra hasta los años setenta y más conocido gracias varias exposiciones, entre ellas la denominada Brihuega, un siglo en imágenes, organizada por la Asociación Cultural para la Imagen y el Sonido.
Sigue la “Colección Blas-Ruiz”, breve texto escrito por su nieto José Blas Vega, que inició D. José Ruiz Manuel y que en la actualidad se compone de 138 originales en blanco y negro hasta 1970 y más de 1.000 imágenes antiguas en formato digital y 218 postales.
Finaliza el libro con el catálogo propiamente dicho, que abarca las páginas 31 a 143.

José Ramón López de los Mozos

miércoles 28 de octubre de 2009

Una publicación sobre el escritor y poeta José Herrera Petere



Un Centenario sonado: el escritor Herrera Petere

José Herrera Petere. Memoria de una vida (Guadalajara, 1909–Ginebra, 1977), es el título del interesante catálogo de la exposición de fotografías, dibujos y documentos (Guadalajara, 29 de octubre–22 de diciembre de 2009. Espacio de Arte Antonio Pérez), que ha editado la Diputación de Guadalajara, con motivo de cumplirse el centenario del nacimiento de este poeta nacido en Guadalajara.
Sus 210 páginas aparecen divididas en dos partes principales: textos referentes a la peripecia vital de Petere y el catálogo de los materiales expuestos.
Así, en la primera parte, pueden leerse trabajos de indudable importancia para el mayor conocimiento de la vida y la obra de este poeta, hasta hace poco no muy conocido. Una de las comisarias de la exposición, Dolores Fernández Martínez, colabora con un breve texto titulado “Las imágenes y su sombra. Construcción de una exposición”, en el que queda patente la importancia que para Petere tuvo su nacimiento en Guadalajara, su amor a la sierra madrileña y a toda la geografía nacional, así como la relación que mantuvo con sus amistades, además de su arraigado compromiso con el bando republicano, que dieron como resultado una densa obra, esa que la Diputación de Guadalajara, en unión con la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y familiares y amigos del poeta, viene dando a conocer a través del material, en parte inédito, hasta ahora editado, y que compone sus Obras Completas: Poesía I, Narrativa II y III y Epistolario, a las que habrá que añadir en breve las Actas del I Congreso Internacional sobre José Herrera Petere: Vanguardia y exilio -Guadalajara, 30-31 de octubre de 2009-.
Sigue un extenso y documentadísimo trabajo (constituye el grueso del libro) escrito por Jesús Gálvez Yagüe: “José Herrera Petere: Memoria de una vida”, que consta de una nota introductoria y ocho apartados: 1.- Guadalajara y Emilio Herrera Linares, dos vocaciones aeronáuticas a comienzos del siglo XX; 2.- Primeros años de José Emilio Herrera en la capital arriacense (1909-1914); 3.- Años de formación en la capital de España (1914-1927); 4.- El principio de algo nuevo. Comienzos vanguardistas. Hacia una renovación literaria (1927-1931); 5.- Los años de la 2.ª República. Literatura rehumanizada. Petere ajusta cuentas con la pureza literaria (1931-1936); 6.- Soplan vientos de guerra. Historia personal, historia colectiva. En los diferentes frentes. Periodismo y Literatura. La Guerra en los libros. La literatura ideológica de aquella hora (1936-1939); 7.- Hacia un exilio definitivo. Del campo de concentración a las costas americanas (1939-1947), y 8.- Regreso a Europa. De la alegría a la desesperanza (1947-1977).
Plácido Ballesteros San José, Paloma Rodríguez Panizo y Rosa Gómez Moreno firman el siguiente trabajo: “El fondo José Herrera Petere en la Diputación Provincial de Guadalajara”, que clasifican en varios apartados: Documentación biográfica, Correspondencia, Homenajes, Biblioteca íntima, Obras y Estudios sobre Petere y su obra, materiales que pueden consultarse en la página web de la Biblioteca de Investigadores (http://www.bipgu.es/).
El “Catálogo” se debe a la meritoria labor de Dolores Fernández Martínez, Jesús Gálvez Yagüe, Rosa Gómez Moreno y Paloma Rodríguez Panizo y completa el libro que comentamos. Contiene numerosas fotografías que corresponden a la infancia; adolescencia; juventud vanguardista; compromiso y lucha antifranquista; exilio: Francia, México, Suiza; publicaciones en el exilio, y la España peregrina, vividos por Petere.
Finaliza la obra con una “Catalogación de la obra expuesta” (correspondencia (10), cuadernillos de apuntes (11), dibujos (8), documentos (10), fotografías (29), grabados y litografías (6), libros y revistas (54), manuscritos (2), objetos diversos (2) y óleos (1)), en la que han colaborado los mismos autores que han elaborado el “Catálogo” descrito.
Finaliza el libro con una “Cronología”, escrita por Dolores Fernández Martínez y Jesús Gálvez Yagüe, y una “Bibliografía”, realizada también por Jesús Gálvez Yagüe, en la que figuran obras publicadas por José Herrera Petere y José Herrera Petere en romanceros y antologías.
Sin lugar a duda un catálogo que constituirá un referente cara a la realización de futuros estudios acerca de Petere, su vida y su obra.

José Ramón López de los Mozos

viernes 16 de octubre de 2009

Viajes por la Mancha a ver museos




Museos de Castilla la Mancha

Hace 3 años apareció un libro de esos que quedan vivos para siempre. Lo escribieron conjuntamente, tras muchos viajes e investigaciones, José María Ferrer González y Antonio Herrera Casado. Titulado “Museos de Castilla-La Mancha”, con 352 páginas y cientos de imágenes en color, ofrece las referencias concretas, historia y contenidos principales de los casi 200 museos que hoy existen visitables en este comunidad autónoma, en la que siempre hay rutas nuevas por construir para conocer esa España profunda y eterna que por los caminos de la Alcarria y la Mancha serpentean.
El libro, que hace el número 6 de la Colección “Tierra de Castilla-La Mancha”, se estructura por provincias, dando información de los mayores museos de cada una, y poniendo relación de los más sencillos en un apéndice final. Un buen índice ayuda al lector a encontrar lo que busca. Y su palabra en voz baja, amistosa, siempre dispuesta, como la palabra de los libros, es la que nos brinda la posibilidad de conocer, ahora a través de los Museos, la Región castellano-manchega.
A continuación ofrecemos las palabras que, en parte de su introducción, nos dicen los autores hablando de cuales son, tras recorrer kilómetros y caminos a cientos, sus museos preferidos. Hagámosles caso, que saben de qué hablan.

Nuestros Museos preferidos

De los casi doscientos espacios que catalogados como museos hemos incluido en este libro, es cierto que algunos son especialmente preferidos, por varias razones, que brevemente explicamos.
Por decir algo del mejor montado, con mayor contenido documental y diversidad de aspectos que le hacen único en España, tiene que ser mencionado el Museo Nacional de Teatro de Almagro. Creado a finales del siglo XIX, se ha ido incrementando con el paso de los años gracias a donaciones de artistas, autores, aficionados... su última, y esperemos que definitiva ubicación, en el palacio de los maestres de la Orden de Calatrava de Almagro, en la plaza mayor de esta ciudad manchega, y frente al Corral de Comedias, en un edificio diseñado para la función que realiza, es todo un ejemplo de Museo con mayúsculas. En Valdepeñas no hay que perderse la Fundación Gregorio Prieto con obras del artista y piezas de su colección en una preciosa casona rehabilitada, y los amantes del arte contemporáneo no deben dejar de visitar el Museo Municipal, donde figura una amplia selección de las obras premiadas de nuestros mejores artistas del último medio siglo. Les encantará también el nuevo museo Comarcal de Daimiel y, en la capital, el museo de Ciudad Real con una espléndida colección arqueológica y la sorprendente exposición permanente “Hace tres millones de años”.
En Guadalajara y más en concreto en la villa medieval de Atienza, le han surgido a la población, de apenas 500 habitantes, tres museos extraordinarios, que llevan detrás el nombre de quien los ha concebido, diseñado, y laborado sin descanso para que todas sus piezas fueran restauradas y noblemente expuestas. La labor de don Agustín González, párroco de la villa serrana, es de todo punto encomiable.
En Cuenca saltan los museos de la naturaleza y del arte moderno. En la capital, nos quedamos con el emblema mejor de la moderna dimensión del arte español: su Museo de Arte Abstracto, generado desde Zóbel hasta los más recientes nombres y dinamizadores del espacio, que además asienta en un lugar privilegiado, único, como son las Casas Colgadas de Cuenca. Un poco más arriba de la roca que es Patrimonio de la Humanidad toda, está el laberinto conventual y rompedor de Antonio Pérez, cuya fundación, hecha de cuadros, objetos encontrados y libros, es otro ejemplo de arte museificado, sorpresa y cuestión permanente para el visitante. Aún en Cuenca, en la Huete alcarreña, con varios museos por sus calles, destacamos la Fundación Florencio de la Fuente, en la que se han encontrado dos dinámicas generosas: la del donante de tanta obra de arte, que es sin duda un exponente fiel del quehacer pictórico y escultórico español del último siglo, y la del Ayuntamiento que ha restaurado y puesto a disposición un gran edificio histórico como es el antiguo convento de los mercedarios optenses.
En Toledo resulta difícil espigar sólo unos ejemplos. Puestos a señalar, hemos de apuntar la sorpresa de la recuperación -como visita cultural- al templo de los Jesuitas, el nuevo montaje de la encantadora Casa Museo de Victorio Macho, la soberbia colección de cerámica de la Colección Carranza expuesta en salas del Museo de Santa Cruz, las visitas a mundos tan herméticos como son los conventos de clausura (unos abiertos con horario de visita y otros que requieren la complicidad de las monjitas para visitar el templo y algunos otros espacios habitualmente acotados). También son ahora posibles algunas visitas nocturnas aprovechando las soberbias iluminaciones del cuadro del Entierro del Conde de Orgaz o del monasterio de San Juan de los Reyes, sin descartar el componente turístico de las visitas que nos permitirá en algunos casos (San Román, Santo Tomé, Jesuitas) contemplar la ciudad de Toledo desde las alturas de sus torres.
Queda además la perspectiva de nuevos museos muy esperados como la ampliación del Museo de Santa Cruz, el remodelado Taller del Moro y la reapertura del Museo del Ejército, todos ellos en Toledo, así como las colecciones de Bellas Artes del Museo de Ciudad Real en la nueva sede del antiguo convento de la Merced.
Quizás suenen estas palabras, -de preferencia personal acerca de un conjunto de centros y espacios con múltiples valores-, un tanto aldeanas y cortas de vista. Si uno se adentra, y los autores de este libro no lo hemos hecho, en la consideración científica y universal del fenómeno museístico, todo esto que aparece a partir de esta página no sea más que un folleto monumental explicativo de todos y cada uno de los museos existentes en este pequeño espacio de Europa que se denomina Castilla-La Mancha, con una formulación a su vez un tanto miope o estrábica. Porque los teorizantes de la cuestión, han quedado de acuerdo en que la Museología es una "ciencia social" que no sólo produce un enfrentamiento dialéctico público-museo, sino que trata al mismo contenido del museo como un elemento esencialmente socializado. Lo que antaño, o en su origen, fue un cuadro o una cántara de propiedad individual, destinada a mejorar la forma de vida y el placer de un individuo, ahora es tomada por el mundo todo, por la parte de la sociedad que lo contempla, y que lo hace suyo al menos en la teórica secuencia de ver, entender y anotar. Todavía queda la socialización definitiva del contenido museístico con el permiso universal y sin excepciones de fotografiar las piezas en él contenidas. Tema que no se ha conseguido, ni mucho menos, y a pesar de unas leyes que en lo social están a la cabeza del mundo occidental. El miedo al trípode y a lo que encima de él aparece, quizás como un atavismo difícil de erradicar, no se ha desprendido todavía de muchos administradores de museos.
En todo caso, este es el momento de empezar a viajar y a ver museos. Tarea hay, el camino está abierto, y las maravillas muchas.

miércoles 14 de octubre de 2009

Un recorrido por la Galicia profunda




Relatos Gallegos

Hemos podido leer un curioso libro que está escrito por un gallego típico, un hombre que nació en una remotísima aldea de la provincia de Lugo, y que por azares de la vida (y de la historia, que en España fue tan convulsa en la primera mitad del siglo XX) fue a parar a Barcelona, donde echó anclas después de pasar y repasar varias veces la geografía ibérica.
Se trata de Evaristo Campo Pereiras, [el autor] y de Bustofrío [la aldea natal], y el libro se ha formado con diversos escritos, concretamente cinco amplios relatos, que escribió hace unos 50 años y que han sido recogidos y ordenados para su publicación por su hijo Ricardo, formando este libro que comentamos, titulado “Pentágona de un lucense”. Lo de pentágona, sin duda, por estar formado de cinco historias, y lo de lucense por estar todas ellas ambientadas en la tierra natal.
Destacaríamos sin duda el tercero, y más amplio de estos relatos, el titulado “Mi aldea” porque está escrito con la precisión y el amor de quien echa de menos a su tierra, y la recuerda entera: en geografía, en gentes, en costumbres, en anécdotas y en experiencias que se mantienen vivas a lo largo de una vida.
Bustofrío [la aldea] está cerca del monasterio de Samos, en el corazón de esas comarcas interiores de Lugo por donde corre, grande y denso siempre, el río Oribio. Describe las sencillas paredes del templo dedicado a Nuestra Señora de los Remedios, y cuenta con detalle las formas de vida, las costumbres, las técnicas de hacer pan, sidra, recoger las castañas y mil cosas más relativas a la vida rural y ancestral de esa Galicia profunda que describe con pasión.
El libro ha sido puesto por AACHE Ediciones de Guadalajara en su Colección “Letras Mayúsculas” como número 23 de la misma, y ofrece un total de 222 páginas con gráficos de la aldea y el personaje. Un libro para nostálgicos de las formas antiguas del vivir hispano.